El presente blog fue escrito y compartido por una apreciada mamita de la familia Creciendo, con su permiso, comparto con todos quienes nos leen ya que es muy pertinente para la actualidad que vivimos en nuestros hogares y en nuestras regiones. Gracias Licenciada de antemano.

Una reflexión acerca de la lectura en niños

UNA REFLEXIÓN ACERCA DE LA LECTURA EN NIÑOS:
Desde que hago fomento y promoción de lectura me he encontrado con diferentes preguntas hechas por las mamás: “Para qué leerle si es un bebé y aún no entiende”, “es un bebe que sólo duerme no necesita que le lean”, “es un niño y no me pone cuidado”. Sí, los bebés y los niños necesitan que les lean, que les cantemos nanas, arrullos, un sonido amoroso emitido por la mamá, la lectura calma y afianza lazos afectivos. Leer significa: leer lo verbal y lo no verbal, leer al otro, leer una imagen, leer una obra de arte, leer los contextos, etc.

Pero ¿Por qué leerles a los niños en voz alta? Existen diversos textos que nos explican los beneficios de la lectura a temprana edad, aumento de vocabulario, imaginación, creatividad, fluidez verbal entre otras. Cuando nuestros niños crecen los adultos dicen: “deja ese celular, coge un libro, ponte a leer”; Pero para tener una historia lectora debe haber siempre un ejemplo, alguien o aquello que me invite a leer a satisfacer mis ojos con aquello que puedo lograr descifrar y me parezca agradable; alguien que tome un texto y que sólo lo lea en voz alta para que se construya esa curiosidad, ese lazo de intriga sobre eso que tiene ese papel impreso, muchas veces el papá lee el periódico pero en silencio, los adultos leen en silencio guardan esas palabras en sus adentros y esos pequeños que los ven están ávidos de querer saber que dice ahí. 

Dar de leer como dice Daniel Pennac es poder afianzar mi lazo afectivo con el otro a través de la voz y las palabras; Los niños cuando escuchan una lectura en voz alta se maravillan, activan su capacidad de asombro, se sumergen imaginando esas escenas narradas por mamá o por papá, o el abuelo, el profesor o el promotor de lectura, en ese momento el rol cambia, no es mamá, es una narradora de una gran historia porque cuando empieza a contar algo su voz cambia, el contexto cambia, cuando se pronuncian esas palabras mágicas “Había una vez”. Muchos adultos dicen “es que yo no sé cómo leerle”, “yo no leo con muchas expresiones”, la verdad el poder de la lectura no tiene un instructivo, no tiene un gran manual, hay artículos y muchas técnicas de cómo leer pero cuando queremos iniciar la lectura en los niños es algo absolutamente sencillo: DISPONIBILIDAD y AMOR. Ahora pensarán que lo más importante es tener el libro no necesariamente; nuestras abuelas y abuelos nos contaban historias a viva voz sin libros en sus manos sólo contaban y contaban infinitas historias de mitos y leyendas, anécdotas, historias que pasaron de voz a voz hasta llegar a nosotros. Buscar el momento con nuestros hijos, dejar a un lado el celular, el televisor, olvidarnos por cinco minutos de nuestro estrés laboral, podemos estar a solas con nuestros niños buscar un lugar cómodo y cálido y dejar que las palabras vayan llegando sin que nada interrumpa ese momento. 

Una reflexión acerca de la lectura en niños

Leer es un acto bondadoso, todas las personas tienen ese derecho a ser consentidas con las palabras, y algo así me sucedió hace unos años atrás cuando trabajaba como promotora de lectura en un proyecto que se llamaba “Voces de paz y libertad”. Yo debía ir a un barrio donde la violencia en ese momento era muy fuerte entre pandillas, era un barrio difícil. Cuando llegué al sitio donde debía dictar mis talleres quedé perpleja, era la caseta de acción comunal, era horrible, era absolutamente impresentable, las ventanas sin vidrios, sin baños, sucio y oscuro. Sólo tenían unos pupitres para que los niños se sentaran y tenía dos objetivos ese salón: uno que un día iba a ser una biblioteca comunal y dos tenía que servir también de sala de velación, dos contextos que no comprendí en el momento: libros y muertos.

Sin embargo, puse un cartel colorido que llevaba sobre las normas de comportamiento durante la clase era lo único bonito que tenía aquel salón. Poco a poco fueron llegando los niños del barrio todos estaban curiosos de lo que iba a pasar en ese sitio, entre esos niños llegó uno que es el protagonista de esta anécdota, lo llamaré Juan, era un niño sin Dios ni ley, de 8 años, con ropa muy precaria, alborotado y revoltoso, no hablaba, gritaba, era brusco, le pegaba a la hermana y se iba. Pensé que yo no la iba a tener fácil pues era un niño casi imposible, finalmente, supe su historia familiar: era una situación muy complicada la de sus padres y hermanos mayores, sólo vivía con su abuela y su hermana en una pobreza extrema.

Poco a poco y con los días él iba a los talleres, iba sólo por el refrigerio, pero en medio de todo le fui exigiendo cosas, comportamiento, algo de presentación personal (le conseguimos ropa), manos limpias, casi no me ponía cuidado en las clases hasta que un día llevé el libro de la “peor señora del mundo” de Francisco Hinojosa. Muy entusiasmada llegué y les dije que tenía un libro nuevo para contarles. Juan se sentó y miró la portada que tenía en mis manos pensé que le llamaba la atención aquella señora robusta y con aspecto de mala. Empecé a leer y de pronto algo pasó, Juan se quedó en silencio, se quedó muy atento escuchando cada palabra de esa gran historia, todos los niños estaban en un silencio que !yo no podía creer! Estaban conectados a esa historia, conectados a mi voz, yo sólo alzaba de cuando en cuando la mirada para ver a Juan y seguía casi hipnotizado yo seguí leyendo, no quise preguntar nada durante esa lectura solo supe que no debía parar.

Cuando llegué al final todos de un grito decían “!otra vez! ¡Otra vez!” fue y es el libro que más he leído en una sesión casi 10 lecturas continuas y siempre era el mismo silencio, el mismo entusiasmo. Cuando finalizó la clase Juan se acercó a mí y me dice en voz baja cerca al oído “profe me regala ese libro?” yo me puse feliz! Y le dije que ¡por supuesto! Le di el libro, Juan empezó a faltar a mis clases; yo fui y le pregunté a la hermana que por qué no iba, su respuesta terminó de llenar mi corazón de maestra “Juan no viene porque desde que usted le dio el libro se la pasa escondido leyéndolo y lo esconde para que yo no lo vea”. Cuando digo que las palabras son bondadosas es porque realmente lo son ahora puedo decir que esa lectura es de las más significativas para mí porque en ese momento no importó el sitio donde estábamos, no importó la violencia del barrio, no importó la pobreza, no importó lo que sucedía fuera de ese salón, importó lo que sucedía dentro de ese salón y era un mundo fantástico de palabras.

Una reflexión acerca de la lectura en niños

Siempre pienso que la lectura puede generar muchas cosas en las personas, dar de leer nos hace confrontar, leer me puede dar una respuesta, leer no significa ser mejor que el otro, dar de leer a los niños es llenarlos de historias donde ellos pueden en algún momento asociar situaciones, reflexionar, tener una mejor comprensión de su mundo, leer les ayuda a tener una mejor empatía, comprenden mejor al otro, pueden llegar a comprender sus propias emociones. Los niños siempre tienen una historia favorita y necesitan que se las repitamos hasta que ellos se sacien y no debemos negarles eso.  
Diana Marcela Bautista Silva.
Lic. Español y literatura Promotora de lectura
Especialista en salud mental en niños y adolescentes.

Una reflexión acerca de la lectura en niños